martes, 16 de junio de 2009

caracterizacion psicologica: cognitiva

Myklebust (1964) postula que la inteligencia del sujeto con sordera es diferente a la de los sujetos oyentes. El dato principal en el que se basa es que su pensamiento está más vinculado a lo concreto y presenta más dificultades para la reflexión abstracta.

Esta constatación no impide que en muchas pruebas de inteligencia, especialmente aquellas con menor contenido verbal, los resultados que obtienen los sujetos con deficiencia auditiva sean similares a los de los oyentes.

Por estas razones es posible desarrollar una psicología propia de las personas con sordera. Esta diferencia procede de las limitaciones que tienen los sujetos con deficiencia auditiva para acceder a la información, incide en que su capacidad de atención se centra sobre todo en sus experiencias internas. La dificultad para acceder o percibir sonidos incide en la adquisición del lenguaje y en la adquisición del lenguaje interior, lo que a su vez va a influir en el desarrollo del pensamiento abstracto y reflexivo.

Sin embargo, en contra posición a la postura de Myklebust, Hans y Furth (1966, 1973) señalan que la competencia cognitiva de los sujetos con sordera es semejante a la de los oyentes, ya que los primeros atraviesan por los mismos procesos de desarrollo aunque de una manera un poco más lenta debido a las “deficiencias experienciales” que el deficiente auditivo vive.

Por otra parte, las escasas investigaciones realizadas (Marchesi y col. 1994, 1995), han comprobado que el desarrollo sensoriomotor de los niños deficiente auditivos es semejante al de los oyentes.

El conocimiento de las capacidades comunicativa, cognitiva y social del niño, así como sus posibilidades de aprendizaje, son un objetivo imprescindible para hacer una evaluación psicopedagógica. La posibilidad de recibir una atención educativa desde el momento en que se detecta la sordera es una garantía para el desarrollo satisfactorio del niño.
La estrategia más adecuada suele ser la observación en situaciones de interacción, si el niño es pequeño o tiene una pérdida auditiva profunda. La colaboración con padres y profesores, es imprescindible para hacer la evaluación completa.

La evaluación del desarrollo cognitivo es otra dimensión importante para tenerse en cuenta. Entre dos y seis años, la observación del juego simbólico, es el instrumento más rico para conocer su evolución. Para ello es preciso facilitar al niño diferentes juguetes y materiales que permitan analizar este factor. A partir del juego que realiza en compañía de sus padres o de otros niños se puede también analizar su nivel y estilo comunicativo.

Las diferencias entre los niños deficientes auditivos y los oyentes comienzan a manifestarse desde los primeros meses de vida. Los lloros, balbuceos y arrullos de los primeros cuatro meses son iguales en unos y en otros, pero estas expresiones vocales empiezan a descender en los niños deficiente auditivos con pérdidas auditivas severas y profundas a partir de los cuatro-seis meses.

La ausencia de feedback auditivo de sus propias vocalizaciones contribuye decisivamente a esta desaparición. Mientras que los niños oyentes comienzan desde los primeros meses a desarrollar pautas de entonación adecuada al lenguaje oral que escuchan, a responder diferencialmente a estas entonaciones y a establecer la relación entre sonido y visión, los niños deficientes auditivos no manifiestan de forma semejante estos comportamientos.

Así mismo, estos diferentes comportamientos presentes en los niños con sordera afectaran de alguna manera su autoestima y capacidad de socialización con su entorno.

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